MÁS QUE ARTE, HARTAR


And in this moment, I swear, we are infinite.
Las ventajas de ser un marginado, 2012.

Tecleas una última vez. Son las dos de la mañana y no te acuerdas de cuánto llevas ahí. Tus ojos están ensangrentados de tanto llover. Desconoces también el tiempo que llevas sin pestañear. Hacerlo sería convertir tu habitación en una pecera. Tú mismo estás empezando a adoptar la postura de gamba del frigo.

«¿Te puedo ayudar en algo más?». Pero estás sumergido de nuevo en un mar de lágrimas. Nadie puede salvarte. Te duelen la espalda y el corazón. Mamá dice que se te ha encogido. Miras la pantalla y te pierdes de nuevo en la inmensidad blanca. Crees verlo a través de los píxeles. Te limpias las mejillas. Solo hay fotos y mensajes. Dibujos de cuando solías ser algo más. Alguien especial. Tu esencia, modificada, falsa, perdida en un chat artificial. Intentas salvarte del montón. «Una más y me voy». Tiemblas unos segundos, pulsas «enter» y disparas: «¿Qué es el arte?».

No sabes qué es, no lo encuentras por ningún lado. Son las olas y el ruido que hacen cuando se rompen. El arte no es acuarela ni papel rugoso. Arte es querer. Ni cantar ni desafinar: arte es intentarlo. No está prefabricado ni inventado. Arte es hacerlo. ¿Por qué cuestionarlo e interrogarlo? El arte es imposible de explicar. Arte es salir, llenar los pulmones de aire frío y gritar con dolor. Te pone los pelos de punta; el arte es humano.

Bajo la gravedad de las tres de la madrugada no eres consciente, pero nada de lo que puedas ver sin pensar te lo demostrará. Para crear algo, para plasmar lo que sientes y equivocarte de color al hacerlo, hay que salir. Nuestra primera representación artística: esas cuevas tan vivas y, a la vez, tan antiguas. La interrelación entre los humanos y su entorno. El miedo, la muerte, el aprendizaje. Arte es representarlo.

Un robot no siente, no sufre. Una máquina no escribe: espera a que la atices con rabia. Un teatro no se llena de aplausos y llantos con programadores de algoritmos. El papel no dibuja por más que lo mires. Sería absurdo llamar «arte» a algo que hay que pedir. «Error 404. El servidor no está disponible en estos momentos, inténtelo más tarde». El amor no se espera ni se solicita. No hay que hacer cola para sentir. Arte no es teclearle a un chat vacío. «¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? / Poesía… eres tú».

Así que apaga el ordenador y límpiate la cara. Ponte las zapatillas, o no, y pisa la calle. Mira a la gente, dibújala. Inventa historias nuevas. Habla con ellos, pregúntales qué consideran que es el arte. Enamórate, ten miedo a perder y ganas de ganar. Llénate las rodillas de tierra y la cabeza de ideas. Aprende, enseña. Crea con las manos y los pies. Sueña con hacer, sé quien quieras ser. Tírate a la piscina, date un golpe en la espinilla y congélate en las aguas de septiembre.

Mancha tus manos, límpialas con jabón y cariño. Cúbrete de callos, heridas y costras de intentarlo. «La práctica hace al maestro»: no nacemos siendo así. El camino más largo es el más valioso. Es partitura, guion, brocha, cámara, cincel y pluma. Es mucho más.

Se cierra el telón, se escuchan mil voces. Estás cubierto de sudor y lágrimas. Sonríes con todos los dientes; lo has hecho muy bien, lo sabes. Arte es sentirlo y hacerlos sentir. Alzáis los brazos al aire y bajáis la cabeza. «¡Bravo!». Jamás podrá conocer la sensación.
Arte es el gustillo de saber que es solo tuya y solo mía.

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