Ejercicio improvisado en el aula para celebrar el Día Mundial de la Poesía.
Nadie pasa por mi calle
Raquel Martín Sanz
Por la calle pasa gente.
Pasa gente por la calle.
Me mancho los dedos
con rotulador.
Le doy precio a miniaturas
con valor emocional.
Por la calle pasa gente.
Pasa gente por la calle.
Formaciones imaginarias.
Batallas viejas y mudas.
Los coloco en grupos
y guardan la distancia.
Por la calle pasa gente.
Pasa gente por la calle.
Se defienden con armas y espadas.
También con retorcidas mecánicas del habla.
Pocos son los que quieren querer
lo que ha sido querido hasta el desgaste.
El pescador jubilado
Martina Peña Adán
el azul del mar ha teñido la cabaña entera
sin peces ni red
no me quedan anzuelos, ¿cómo atrapo los sueños?
sin peces ni red
agotado de nadar contra la corriente
sin peces ni red
no hay rastro metálico en mis escamas mordidas, ¿qué queda de mí?
sin peces ni red
un hombre perdido, no más
sin peces ni red
aunque busca, ya no se encuentra
sin peces ni red
las botas de agua se han llenado por completo
sin peces ni red
el líquido salado atraviesa mis pulmones, grito, grito fuerte.
sin peces ni red
las paredes de madera encarcelan la voz grave
sin peces ni red
solo un recuerdo de algo que ya no es,
sin peces ni red
y que no lo volverá a ser.
sin peces ni red
Músico callejero, fotografía doblada
Lucía de Tomás Aznar
Nadie me da propina,
Ni se suscribe a mí canal,
Ya que mi guitarra desafína,
Y mi canto es fatal.
Yo sé cómo,
Nunca nadie se ha suscrito,
Quiero que me den dinero,
Un poco yo les grito.
Sabina
Nacho Lorenzo
«¿Dónde será, caballero?»
la misma pregunta de siempre
«Donde me lleve el dinero»
me contesta el buen fulano
«Diez, quince, veinte…»
va contando el extranjero
«¿puede ir hasta Valverde?»
y con un gesto, arrancamos
Tintinea la medalla
en el retrovisor
«va conmigo a donde vaya»
le digo al desconocido
«Y usted, ¿cree en Dios?»
«Mire, haya un Dios o no lo haya
no me llama la atención»
le contesto al amigo.
Guantes izquierdos
un guante izquierdo,
colgado en el pomo de la puerta.
mira que dejármelo…,
¡si voy a la huerta!
las uñas llenas de mierda,
parecerá que estoy muerta.
mamá me va a regañar,
¡pero qué sabrá ella!
se puede quejar,
llamarme tonta, nena.
no me preocupa,
pues mañana seguirá tuerta.
Martina Peña Adán
Se lo robé a Michael Jackson
Nacho Lorenzo
El izquierdo en el derecho
El guante en el pie
¿El derecho o el izquierdo?
Eso ya no lo sé
Una bruja con su escoba
La sujeta con el pie
¿Es el derecho o el izquierdo?
Como siempre no lo sé
Y a ese gigante,
¿Mi guante le podré poner?
No, le faltan las dos manos
Tuve mala suerte está vez
Nadie lo quiere
¿Tan feo es?
Me lo hizo mi abuelita
Con su hilo de coser.
Y a tí, señor conejo
El guante no te servirá
Tus manitas son muy pequeñas
El guante se caerá
La gente me pregunta
¿Y el otro donde está?
Pero no lo necesito
Con este me bastará
Te dará frío en la otra mano
Me decía mi papá
No pues mi mano izquierda al gigante
Se la decidí regalar.
Amaia Perdomo Medina
Con mi vestido abombado,
Y mi corona brillante,
Veo a un caballero atontado,
Pero muy elegante.
En unos años nos casaremos,
Y seré infeliz,
Porque no me gustan los príncipes,
Ni el típico final feliz.
Estoy cansada,
De todos mis vestidos,
Y de todos los cuentos de hadas,
Que no les encuentro el sentido.
Aunque no quiero tengo que bailar,
Esperando a alguien que me coja la mano,
Y que crea que me va a salvar
Para por fin salir pitando.
Que me agarre tan fuerte,
que al huir se quede ahí mi guante,
Y salga corriendo tan rápido,
que vaya pensando a otra que le aguante.
Lucía de Tomás Azar
Pares, siempre pares.
Yo uno, ellos dos.
Pares, siempre pares.
Yo con cinco, ellos diez.
Pares, siempre pares.
Yo manco, ellos no.
Pares, siempre pares.
Yo izquierda, ellos derecha e izquierda.
Pares, siempre pares.
Yo con unos, ellos con dos.
Pares, siempre pares.
Yo corto manos, ellos esperan salvarse.
Pares, siempre pares.
Yo y mi guante, ellos y sus manos.
Pares, siempre pares.
Yo limpio, ellos manchados.
Pares, siempre pares.
Menos ahora que estamos yo y no ellos.
Pares, no tan pares.
Patricia Velázquez Mompeán
Sonaban las campanas
de boda en la iglesia.
Viste de blanco, liso y brillante.
Una cola kilométrica,
muchas ganas revueltas,
el buen partido
y el otro en la radio.
Se acercaban los invitados
y se sentaban en sus sillas.
Ensaya los votos,
recuerda la lista de la compra,
recuerda la lista de invitados,
el mensaje que envió tarde
y el que no envió.
Le dieron diez minutitos más
para que la novia terminara de arreglarse.
Estuvieron colocando los regalos
en la mesa del recibidor.
Los diez se hicieron veinte,
treinta y cuarenta.
Se comieron los aperitivos.
Cincuenta ochenta, cien.
Se comieron la tarta.
Se hacían doscientos minutos y no había qué comer, pero había novia y un mantel blanco.
Raquel Martín Sanz
Canción y carretera
Patricia Velázquez Mompeán
Cuatro ruedas y cuatro notas.
Dos pedales y dos acordes.
Un volante y una canción.
Con mi brújula sin norte,
y un vuelco a mi corazón.
Da saltos en casa bache mi corazón.
Dos autostops y dos niños en el maletero.
Ellos son soprano y yo contralto.
Un par de bichitos más y el norte a mis pies.
Tengo el coro atrás, solo me falta el director.
Practican la letra conmigo,
mientras lloran sin razón.
Quizás tendría que parar y repostar.